En septiembre de 2009, el Programa de Ciencias Básicas e Ingeniería (SC BES) de la Oficina Regional de Ciencia de la UNESCO para América Latina y el Caribe, organizó, junto a la Facultad de Ciencias de la Universidad de la República (UDELAR) y el auspicio de la Academia de Ciencias de los Países en Desarrollo (TWAS), la Organización de Estados Americanos (OEA), el Instituto de Física Teórica Abdous Salam (ICTP), e instituciones como Insti­tuto Argentino de Radioastronomía (IAR), el Programa de Desarrollo de las Ciencias Básicas (PEDECIBA) y la Dirección de Innovación, Ciencia y Tec­nología para el Desarrollo (DICYT) de Uruguay, la Segunda Escuela de Pos­grado Iberoamericana de Astrobiología: Del Big Bang a las civilizaciones.

Esta importante escuela de posgrado, que reunió casi una veintena de destacados profesores de renombre internacional y más de 60 estudiantes re­presentando a 15 países de Iberoamérica coincidió con la celebración de un conjunto de aniversarios que conmemoraron importantes hitos en la historia de la ciencia. Éstos últimos cambiaron para siempre nuestra visión del univer­so y de la vida en él.

Por un lado, se cumplieron 400 años desde que Galileo Galilei utilizó por primera vez el telescopio para observar el cielo, y también 400 años desde la publicación de Astronomía Nova, por Johannes Kepler, en donde se propuso acertadamente, la audaz hipótesis que los planetas orbitan en forma elíptica. En un solo año nuestra posición en el cosmos cambió para siempre. En 1609, Galileo descubrió que nuestra luna tenía cráteres y montañas, nuestro sol manchas que variaban su tamaño con el tiempo, que la llamada Vía Lác­tea estaba conformada en realidad por millones de estrellas. Galileo descu­brió, con su flamante telescopio, que Júpiter tenía cuatro lunas orbitando a su alrededor y Saturno anillos. Estas observaciones publicadas en su Siderius Nuncius (El Mensajero Sideral) demostraron contundentemente que la visión Aristotélica del mundo, dominante por más de dos mil años, era completa­mente incorrecta.

El cosmos concebido así por figuras de la talla de Copémico, Galileo, Kepler y más tarde Newton, detallaba con mayor precisión la descripción del universo. Galileo desarrolla el método experimental y con él nace la ciencia moderna, desencadenando la Revolución Copernicana. Una nueva manera de articular la visión de la naturaleza que persistió sin cambios hasta principios del siglo XX. En solo cuatro siglos, nuestro conocimiento del cosmos en que vivimos expandió sus fronteras hasta límites jamás imaginados.

Términos como Blg Bang, agujeros negros, materia oscura, exoplanetas, cuásares, pulsares, suelen poblar las noticias habituales de los periódicos. Vi­vimos en una época en donde nuestro conocimiento y tecnología disponible nos permite comenzar a especular acerca de la vida en otros mundos.

La Organización de las Naciones Unidas, a través de la UNESCO, si­guiendo una propuesta de la Unión Astronómica Internacional declaró al 2009 como Año Internacional de la Astronomía. Un año especial en el cual la UNESCO, en cooperación con otras organizaciones, ha apoyado actividades para que los habitantes del planeta Tierra, en especial los jóvenes, adquieran más consciencia acerca de las maravillas del universo en el cual estamos in­sertos.

Debemos señalar que durante el 2009, también, se celebraron 200 años desde que Jean Baptiste Lamarck editó su libro Philosophia Zoológica en donde expone una primera teoría de evolución, ese mismo año nace Charles Darwin, quien con la publicación de “El Origen de las Especies ” exactamente 50 años después revolucionó completamente la biología proponiendo un me­canismo de evolución por selección natural y estableciendo un paradigma que permanece vigente hasta nuestros días.

La poderosa visión de Darwin sirvió para fundamentar y articular hallaz­gos en la paleontología, ecología, genética de poblaciones, biología molecu­lar, biología del desarrollo, genómica y hasta fundamentar los principios de la sociobiología.

El paradigma de la selección natural explica con un mismo mecanismo la naturaleza de la vida que se manifiesta en distintos niveles de organización, del molecular al social. Nuevamente, otra mente brillante, la de Darwin, pro­duce un cambio fundamental de nuestra visión de la naturaleza. Desde enton­ces nuestra percepción de la vida como fenómeno natural adquiere una noción mucho más sutil y totalizadora.

No hay duda, que estos aniversarios que vinculan los 400 años del uso del telescopio para observar el universo y los 150 años de la teoría de evolución por selección natural, encierran las claves para un próximo gran descubrimien­to que cambiará substancialmente nuestra manera de percibir el universo: “el descubrimiento de la primera evidencia que existe vida en otros mundos”.

No podemos dejar de mencionar que hace 40 años el comandante Neil Armstrong fue el primer miembro de la especie Homo sapiens, que pisó la superficie de otro mundo, la Luna. Parafraseándolo, definitivamente fue un pequeño paso para un hombre pero un gran salto para nuestra humanidad.

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Fuente: UNESCO

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