Cuando a principios del curso 85-86 el equipo de coordinación de Física y Química del Gabinete Técnico de la Reforma se reunía periódicamente para contrastar ideas de trabajo, se nos ocurrió en cierto momento la posibilidad de reunimos todos los profesores de la materia, con un orden del día de trabajo que nos resultara rentable para nuestra labor cotidiana en clase.

Pensamos, de una parte, que este tipo de reuniones organizadas adecuadamente po­dían servir como actividad de perfeccionamiento del profesorado, porque los unos aprenderíamos de los otros. Los conocimientos de detalles puntuales que conoce un profesor determinado se los transmite a su compañero de trabajo en grupo de una ma­nera coloquial. En esta línea pensábamos que era fundamental que el profesorado de Ciencias “EXPERIMENTALES” se sentase a discutir planteamientos experimentales para el alumno, y nada mejor que elegir para ello el laboratorio, lugar por excelencia de tra­bajo de nuestra área y del que, por motivos externos al propio profesorado, éste se ha ido alejando. Las causas de este alejamiento son de distinto nivel, a nuestro modo de ver; en un estadio primitivo está la orientación secundaria, que la Administración le ha dado y le está dando a la actividad experimental, considerándose como básico (lectivo) las horas teóricas y accesorio (complementario) el trabajo de laboratorio. Si bien es ver­dad que la «libertad de cátedra» permite al profesor hacer prácticas muchas de las cla­ses teóricas, no es menos cierto que esto se ve amortiguado por; a) Falta de dotaciones mínimas de los laboratorios, b) Formación del profesorado tremendamente academicista, por lo que le resulta más fácil dar una clase de teoría que práctica, c) El transcurrir de los años sin el manejo y hábito de los laboratorios inhabilita o hace cada vez más torpes los movimientos del profesor en el trabajo experimental, enterrándolo poco a poco en una inercia hacia este campo y una facilidad para moverse en la clase teórica, d) La falta absoluta de cursos de perfeccionamiento en esta línea (es muy raro un curso de laboratorio para docentes), e) El prototipo de profesor que se ha perfilado hasta aho­ra ha sido enormemente dogmático y por tanto se sentía incómodo en una acción de la­boratorio donde la eventualidad, la improvisación, la imaginación, el ingenio y la habi­lidad juegan un papel considerable, por lo que era fácil que perdiera los «papeles de profesor». En esta línea ha habido también una falta de preocupación por la aplicabilidad inmediata de lo que se enseña; se ha Fijado poco en el entorno como fuente de recursos en la enseñanza, posiblemente porque esto no entraba en lo que su formación confiere como trabajo del profesor, sino que ello se minusvalora por el perfil academicista. f) Y, por último aunque no menos importante, el desconocimiento de la comunidad educativa: compañeros, la mayoría de áreas humanistas, que por su tipo de estudios no saben de qué hablamos ¡es difícil entender lo que no se conoce!; directivos de los centros, inspectores, padres. Administración en términos generales, etc.

El trabajo de laboratorio no sólo requiere realizarlo, sino que ¡hay que prepararlo!, dentro y fuera del centro (compra de materiales), y es a veces esto lo que requiere tanta dedicación o más que la propia impartición al alumnado.

De otro lado, este tipo de reunión fuerza al profesorado a integrarse en grupo, acostumbrándonos a actuar dentro de clase junto a otro compañero, a compartir nues­tras pequeñeces didácticas, porque todos sabemos el feudo que se suele establecer de la puerta de la clase hacia adentro, aunque cuando salimos de la clase, en el mejor de los casos, teorizamos sobre programación de contenidos en las reuniones de semina­rios o departamentos didácticos.

Además, las reuniones sirven para encontrarse el profesorado de la especialidad y tratar problemas didácticos comunes e incluso contrastar inquietudes y formar equi­pos de trabajo en determinadas líneas.

Acorde con lo dicho nos aventuramos a organizar unas reuniones de este tipo con el fin de contrastar su viabilidad y el grado de aceptación por parte del profesorado. Para ello elegimos una serie de temas como títulos de experiencias y tratamos de estu­diar la posibilidad de diseñar guías de trabajo que motivaran a los alumnos, así como su idoneidad de adaptación a la docencia en un primer curso de Física y Química en Enseñanzas Medias. El siguiente paso era proponer estos temas al profesorado para que fueran ellos los que diseñaran la experiencia dirigida al alumno. Nuestra incertidumbre llegaba a cotas altas.

Para la ejecución práctica de las reuniones de laboratorio requeríamos un apoyo eco­nómico, sobre todo para la compra de material. Esta solicitud fue atendida en toda su ex­tensión por la Dirección General de Ordenación Educativa de la Consejería de Educa­ción. También colaboraron en la organización el Instituto de Bachillerato Tomás Mora­les, de Las Palmas de Gran Canaria y el Centro de Enseñanzas Integradas de La Laguna, y un grupo de compañeros formado por Paco Rodríguez de Armas, Juan Francisco Mar­tín Miranda, José Vicente Rubio y Paco Martínez, a quienes les agradecemos su ayuda.

Presentamos, pues, los resultados del trabajo de un colectivo de profesores en el que nosotros hemos sido aglutinadores de estas primeras reuniones, siendo los respon­sables de la organización, de la síntesis de! trabajo de todos los profesores participan­tes en el curso y de la redacción-composición, en la que hemos contado con la ayuda de D. Alvaro Díaz Torres.

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Fuente: Grupo Blas Cabrera Felipe

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